¿Richard Dawkins no era anticristiano? Su odio no parece estar disperso en todo el Cristianismo sino centrado particularmente en la Iglesia Católica. Digamos que es totalmente anticatólico y parcialmente anticristiano, ya que si puede mostrarse a favor de otras iglesias cristianas para atacar a la Iglesia Católica no deja pasar la oportunidad.
Escribió una nota titulada
“Dennos sus misóginos y sus intolerantes”, en referencia a la iniciativa del papa para recibir a los anglicanos disidentes.
En esa nota dice que la eucaristía es una “fiesta caníbal” y que la Iglesia Católica podría competir por el título de “mayor fuerza del mal en el mundo” y es “una institución en la que sodomizar monaguillos es parte de la cultura” y que envía misioneros a África “para que les digan a los africanos enfermos de sida mentiras deliberadas sobre la supuesta ineficacia de los preservativos para protegerlos contra el VIH”.
En cambio, Dawkins canta loas melosas a la Iglesia Anglicana, que tiene “decencia”, “bondad”, “humanidad”, “generosidad de espíritu”, “respeto por las mujeres” y “una compasión como la de Cristo por los menos afortunados”, además de no creer en la ya mencionada “fiesta caníbal” ni que “tener testículos sea un requisito esencial para celebrar el rito”.
El Arzobispo de Canterbury es presentado como un ser etéreo dotado de un “carácter santo”, un “semblante benigno” y una “sinceridad bienintencionada”, pero menos en sí mismo que por oposición al “papa Ratzinger” (histérica omisión del nombre Benedicto XVI), que para Dawkins —sobra decirlo— es Satanás encarnado.
A juicio de Dawkins, la tolerancia, la humanidad y la aceptación de las personas son rasgos de la Iglesia Anglicana, y la intolerancia, la inhumanidad y la discriminación de las personas son rasgos de la Iglesia Católica, por lo que la propuesta del papa a la Iglesia Anglicana es, según él, esta: “Denme sus homofóbicos, sus misóginos y sus pederastas”.
Los supuestos misóginos y homofóbicos lo son porque “no pueden soportar la idea de que haya sacerdotisas” y porque sienten “aversión por los esfuerzos de líderes eclesiásticos decentes como el Arzobispo de Canterbury para aceptar a aquellos cuya orientación sexual se desvía del gusto de la mayoría”.
Por último, Dawkins dice que el Arzobispo de Canterbury debió haber retrucado al papa que enviara a la Iglesia Anglicana a “sus mujeres, que anhelan ser sacerdotisas”, y a “sus sacerdotes decentes, hartos de tratar de defender lo indefendible”, a cambio de los misóginos, los homofóbicos y los pederastas que supuestamente Benedicto XVI reclama para Roma.
En resumen, la Iglesia Católica está compuesta por una manga de pedófilos que odian a las mujeres, persiguen a los homosexuales y propagan el sida.
Debe ser la enésima vez que leo la misma retahíla caricaturesca. La última vez fue
esta. Lo único que cambia es el nombre del autor.
¿Entonces?